Piel sobre azulejos
El frío de los azulejos contra la espalda de Elena contrastaba con el fuego que Clara estaba encendiendo en su piel. Clara se separó apenas unos centímetros, con una sonrisa juguetona y cargada de intención, mientras estiraba la mano hacia la repisa de madera que estaba fuera del alcance directo del agua.
—Traje algo para que la noche sea aún más interesante —susurró Clara, mostrando un pequeño dispositivo de silicona negra, elegante y completamente sumergible.
Era un vibrador de contacto, potente pero discreto. Clara lo encendió y un zumbido sordo, casi imperceptible bajo el sonido del agua, llenó el espacio. Elena sintió un escalofrío recorrerle la columna antes de que el juguete siquiera la tocara.
Clara no fue directa. Primero, deslizó el juguete por el brazo de Elena, dejando que las vibraciones despertaran sus terminaciones nerviosas, subiendo por el cuello hasta rozar el lóbulo de su oreja. Elena jadeó, apretando los dedos contra los hombros húmedos de Clara.
—Clara… —el nombre de su amante salió como un ruego.
—Paciencia, cariño —respondió ella, bajando lentamente.
Con una mano, Clara sostuvo la cintura de Elena, manteniéndola firme contra la pared, mientras que con la otra llevó el dispositivo hacia abajo, hundiéndolo entre sus muslos. Cuando el contacto finalmente se produjo, Elena echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos con fuerza. La intensidad del juguete, combinada con la destreza de los dedos de Clara que trabajaban en sincronía, era abrumadora.
El agua seguía cayendo, resbalando entre ellas, lubricando cada movimiento. Clara aumentó la intensidad del dispositivo, encontrando el ritmo exacto que hacía que Elena perdiera el control. Los jadeos se convirtieron en gemidos claros que rebotaban en las paredes de cristal.
—Mírame —pidió Clara en un susurro mandón.
Elena abrió los ojos, empañados por el placer, y encontró la mirada intensa de Clara, que disfrutaba de cada reacción de su cuerpo. La vibración era constante, eléctrica, y justo cuando Elena sintió que el mundo desaparecía bajo sus pies, Clara la atrajo hacia sí en un abrazo posesivo, dejando que el clímax estallara entre el vapor y el rugido del agua.
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