El pardo y mi amigo

Llevo muchos años con un chico con el que sexualmente nos compenetramos muy bien.

Un día decidimos ir al Pardo de noche, para quien no lo conozca, un parque en el que de noche van los chicos y parejas a gozar y disfrutar de su sexualidad.

Total, que en el viaje en coche hasta ese parque me hizo de irme a la parte de atrás del coche, ponerme una batita sexy, y empezar a jugar antes de llegar al sitio.

Mientras iba conduciendo, me iba tocando todo mi cuerpo, sentía ese calor que mi cuerpo emanaba, cachonda de saber que encontraríamos otros chicos deseando de juntarse a nosotros.

Llegamos con el coche y ya estaban los chicos acechando.

Mi amigo se metió conmigo a la parte de detrás, y empezamos a jugar, tocándonos y besándonos.

Mientras, de vez en cuando echábamos un ojo y veíamos a varios chicos acercarse a mirar.

Incluso había algunos chicos tocándose al lado nuestra, viendo como disfrutábamos.

Yo me sentí como en una peli porno, pero en la vida real.

Yo aproveché para hacerle un oral a mi amigo, y poner mi gran trasero en la ventanilla donde había varios chicos mirando.

Mi amigo bajó la ventanilla un poco, aprovechando para que me tocaran.

Sintieron mi lindo coñito mojado, ardiente y deseante de que mi amigo se pusiera celosillo de que otros me dieran placer.

Sentí unas manos anchas, como rozaban mi lindo coñito y cómo se iba mojando.

El chico se llevaba sus dedos a su boca, disfrutando de mis fluidos, deseoso.

En muestra de agradecimiento, yo, me di la vuelta, y vi un gran pene bien erecto, el cual me puso mucho más caliente. Empecé a lamerlo, a jugar con él, y con sus testículos, como haría con mi amigo.

Mi amigo me miró, una mirada compenetradora, una sonrisa pícara.

Necesitaba ese pene dentro de mí, lo estaba deseando.

Abrimos la puerta trasera del coche, me puse como un perrito, dejándole todo a la vista, y de frente a mi amigo, para que viera cómo disfrutaba.

Mi amigo me besaba, me tocaba mis pechos, mientras el chico me embestía por detrás.

Al principio iba despacio, delicado, hasta que mi amigo le dijo que me diera duro, y yo no podía parar de gemir, de disfrutar.

Mi amigo empezó a tocarme el clítoris, a besarme apasionadamente y yo ya no aguantaba más, empecé a temblar se venía un buen orgasmo, de esos que te dejan exhausta.

Finalmente me corrí, me temblaba todo, había disfrutado como nunca, viendo que tenía a chicos deseosos de darme placer, me sentí una tremenda Diosa.