Café
Siempre me pasa lo mismo, me siento en cualquier terraza, sin más pretensión que tomarme un café y leer un poquito de ese libro que llevo en el bolso, no siempre es el mismo pero siempre hay uno allí.
Busco la mesa que más me gusta, se de antemano lo que voy ha pedir, soy un animal de costumbres y rara vez me lanzo a algo que no sea un café con leche desnatada, si es un lugar cualquiera con pinta de café mediocre pediré sacarina, de lo contrario, con eso basta.
Me sumerjo en el libro con los auriculares puestos, seguramente suena en ellos algo que me permite sumirme en la lectura sin mucho sobresalto, un cigarettes after sex por ejemplo, tomó un sorbo de mi café y sigo con la lectura, y cruzó mis piernas y ahí empieza todo.
Tengo desde siempre una habilidad que adoro, aunque tal vez su funcionalidad no es lo más, para mí es un superpoder, no me hacen falta las manos, con un buen cruce de piernas, la presión adecuada y algo de paciencia tengo suficiente, en cualquier momento pueden aparecer las ganas, siempre me sorprenden, y hay veces que decido seguirles el juego
Es algo que surge sin más, sin ningún tipo de intención previa, tal vez un poco de presión por culpa de la costura del tejano y todo se despierta
Así que mientras leía algo extraño sobre unas chicas que convierten conejitos en una especie de hombres con labio viperino, empecé a notar como me contraía y como un escalofrío recorría todas mis entrañas, la presión del pantalón estaba en el punto clave, moví un poco mis caderas, nada, el puntito justo, los años me han dado buena técnica, conozco bien mis puntos y no necesito hacer grandes movimientos para que todo vaya a más, empecé a sentir el calor de la humedad, iba poquito a poco, hacía presión con mis piernas, pulsitos que hacían que el placer pareciese una ola que viene y va.
Cada vez notaba mis braguitas más húmedas, mi respiración más agitada, no estaba sola en ese café, era una mesita algo apartada, pero a la vista de todos, iba con cautela para no sonar jadeosa, pero se como me cambia la cara, se que me ruborizo, que mis mejillas me delatan y los labios se ponen del color de la manzana roja.
Seguía en mi elemento, yendo y viniendo, contracciones que me acercan al orgasmo cada vez más, la presión de mis piernas iba “in crescendo”, y mi mirada estaba perdida sobre las letras de ese libro, a la vista de cualquiera nada estaba fuera de lugar, una mujer tomando un café y sumergida en un libro, todo okey.
Levanto la mirada, rastreo la zona para verificar que parezco alguien que no está a punto de correrse, y entre todos los ojos ajenos me encuentro con unos que no lo son, hay un hombre, está tomando un café, con un portátil en la mesa, el parece leer en mi que algo sucede, me mira, me mira como si supiera lo que estoy haciendo, y me sonríe, una sonrisa leve dibujada casi de lado, parecía incluso cómplice, tal vez se pensó que andaba sonrojada de vergüenza y no porque mi temperatura basal estaba por las nubes, le devolví la sonrisa, y en un principio mi mente me dijo que tal vez debía parar, “Nena, te han pillado, corta el rollo” pero yo ya estaba muy dentro del juego, a puntito de correrme y decidí seguir.
Apreté nuevamente mis piernas, esa ola de calor volvió a mi bajo vientre, uno, dos, tres contracciones más, mis braguitas estaban empapadas, podía notar su tela dentro de mis labios, y ahí volví a mirarle, y el seguía con sus ojos clavados en mi, su mirada había cambiado, me miraba como se mira a una presa, con las cejas por delante, su sonrisa seguía allí. Le sonreí, le sonreí y me relami el labio inferior, muy sutil pero obvio, mis ojos se medio cerraron y me contraje una vez más, esto ya no era solo para mí, también era para el, el lo sabía, se había dado cuenta, me estremecí, sin quitarle la mirada, suspiré y sonreí como quien hace una diablura, y seguí, seguí moviendo mis caderas sutil y suavemente, seguí haciendo empapar mis braguitas, estaba a puntito de terminar, me quedaba un par de apretones más y habría estado lista, pero decidí que no, que me lo quería follar.
Le miré, ladee mi cabeza y entrecerré los ojos como a quien se le ocurre una idea, cerré el libro y me levanté, y con mirada de “Querido, lo dejo en tu mano” me dirigí al baño, cruce la puerta pensando que no me iba a salir bien, que como me pensaba que ese hombre iba a acceder a tal cosa, pero bueno, en tal caso podía terminar allí yo solita con más libertad.
Me bajé los pantalones y efectivamente mis braguitas estaban clarísimamente empapadas, todo estaba empapado allí abajo, de todos modos me puse saliva en los dedos y los paseé por mis labios, iba a terminar ya cuando de repente sonó la puerta, picaron con los clásicos cinco golpecitos, y yo di los dos restantes a modo de respuesta, y escuché una carcajada, una carcajada y una voz de carajillo que decía, “Bueno,¿me dejas pasar?”
Abrí de inmediato, me tenía allí, ya sin braguitas, estaba sentada y el me quedaba de pie, justo frente a mi, le miré, ahora la que ponía ojos de depredador era yo, puse mis manos en su pantalón, desabroche y bajé lo suficiente como para sacársela, estaba claro que sabía lo que había estado haciendo, ya estaba empalmado y sus calzoncillos estaban mojados también, le tenía a puntito de caramelo, no lo dudé y me la metí en la boca, empecé despacito, en realidad yo lo que quería era follar, necesitaba correrme, llevaba mucho rato cachondisima, pero no pude evitar jugar un ratito, llevarla hasta el fondo de mi garganta y dejarla bien empapadita de mis babas.
Me levanté, le bese, y me la metí, entró suave, noté como se metía dentro de mi despacito, me encanta esa sensación, me enganché bien fuerte, estaba apoyada en la cisterna, por suerte me quedaba a una altura ideal, jadeábamos juntos, podía notar como el también llevaba rato deseando correrse, su polla estaba durísima, notaba como se contraía todo su cuerpo y yo ya no podía más, pasaba mis dedos por la entrada de mi coño rodeando su polla mientras la notaba entrar y salir, empapada y dura como una piedra, no pude aguantarme, me corri y ahogué mis gritos contra su camisa, noté que el también iba a terminar, y no quería perder la oportunidad de que lo hiciese en mi boca, me agaché, le puse mi mejor cara de obediencia, y mientras me cogía la barbilla de una manera incluso dulce, llegó, llegó a borbotones y calentita, se me derramaba por el escote, la recogía con mis dedos para volver a llevármela a la boca, no quería desperdiciar ni una sola gota.
Sonreí y el lo hizo de vuelta, después de limpiarnos un poquito le dije “Sal tú primero, sino será muy descarado” me miró y me dijo “Cualquiera que sea avispado se habrá dado cuenta”
Posiblemente tenía razón, pero me dio igual, que me quiten lo bailado
Salió del baño y volvió a su mesa, cinco minutos después salí yo, directa a la calle.
El café estaba bueno, no le hizo falta sacarina.