Bajo su control

La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por una luz cálida que dibujaba sombras suaves en las paredes. Sobre la cama, perfectamente alineados, varios juguetes descansaban como si esperaran su momento.

Ella no dijo nada. No hacía falta.

—Arrodíllate —ordenó con una voz baja, firme.

Él obedeció al instante, sintiendo cómo el aire cambiaba, cómo cada palabra de ella pesaba más que cualquier contacto. No era miedo… era anticipación.

Ella se acercó despacio, dejando que sus dedos recorrieran su cuello con calma, casi jugando. Luego tomó uno de los objetos de la cama, dejándolo rozar su piel sin revelar del todo su intención.

—Hoy no decides tú —susurró cerca de su oído.

El leve sonido de las correas ajustándose rompió el silencio. Él cerró los ojos un segundo, dejándose llevar, sabiendo que cada movimiento estaba calculado.

Ella disfrutaba del control. De marcar el ritmo. De ver cómo él respondía a cada gesto, a cada pausa, a cada silencio.

El tiempo parecía ir más lento.

Cada roce, cada orden, cada mirada… lo envolvía más en ese juego donde no hacía falta decir demasiado para entenderlo todo.

Y justo cuando parecía que iba a continuar…

Se detuvo.

—La paciencia también forma parte del juego —dijo con una sonrisa apenas visible.