A puerta cerrada

Nunca fui de las que avisan lo que van a hacer.

Esa noche solo te dije que vinieras… sin hacer preguntas.

Cuando abriste la puerta, la luz era tenue y yo estaba de espaldas, con una camisa que apenas cubría lo necesario.

No me giré de inmediato. Sabía que me estabas mirando. Sentía tu respiración cambiar.

—Pensé que no vendrías… —susurré, desabrochando lentamente el primer botón.

Caminé despacio hacia ti, sin tocarte todavía. Me gusta ese momento… cuando la tensión es tan fuerte que casi duele. Cuando las manos quieren, pero aún no se atreven.

Me acerqué a tu oído.

—Esta noche no voy a portarme bien…

Mis dedos recorrieron tu pecho con calma, bajando lentamente mientras mi mirada sostenía la tuya, desafiándote.

No era prisa lo que quería.

Era control.

Era sentir cómo tu cuerpo respondía a cada gesto mío.

Te empujé suavemente contra la pared.

—Si te quedas… es porque quieres todo lo que viene después.

Y créeme… lo que vino después fue imposible de olvidar.